Créditos rápidos: los cuatro costes que no se anuncian
Comisión de estudio, prórrogas, intereses de demora y seguros que no son opcionales. Por qué un préstamo de 300 € a treinta días puede equivaler a una TAE de tres cifras.
Imagen IA
El precio de un crédito rápido casi nunca está en el tipo de interés anunciado. Imagen generada con inteligencia artificial.
La propuesta es difícil de resistir cuando hace falta dinero ya: importes pequeños, sin nómina, sin avales, aprobación en minutos y transferencia el mismo día. El anuncio nunca menciona el precio anualizado, y hay una razón.
Un préstamo de 300 € a devolver en treinta días con 30 € de coste parece razonable: un 10 % por un mes. Anualizado, ese 10 % mensual equivale a una TAE próxima al 219 %. No porque nadie haga trampa con la aritmética, sino porque así funciona el interés compuesto cuando el plazo es muy corto.
Esa es la conversión que conviene hacer siempre antes de aceptar.
1. La comisión de estudio o de apertura
Muchas ofertas presentan «0 % de interés en tu primer préstamo». La letra pequeña añade una comisión de estudio, de apertura o de «gestión» que se cobra igualmente.
Legalmente no es interés, así que el anuncio no miente. Económicamente es exactamente lo mismo: dinero que pagas por encima de lo que recibes.
Qué mirar: el importe total a devolver, en euros. Es un único número y no admite matices.
2. Las prórrogas
Es el mecanismo que convierte un problema de treinta días en uno de un año.
Si llegada la fecha no puedes devolver, la empresa ofrece ampliar el plazo pagando una cuota de prórroga. Esa cuota no amortiza capital: al terminar la extensión sigues debiendo el principal íntegro.
Dos o tres prórrogas encadenadas pueden superar el importe original del préstamo sin que la deuda se haya reducido ni un euro. Es el escenario más frecuente entre quienes acaban con un problema serio, y no es un accidente del producto: es su modelo de negocio.
Qué mirar: cuánto cuesta cada prórroga, cuántas se permiten y si alguna parte va a capital.
3. Intereses de demora y comisión por reclamación
Si no pagas ni prorrogas, entra el recargo por retraso. Suele calcularse por día y convivir con una comisión fija cada vez que se reclama el recibo.
Sobre la comisión por reclamación conviene saber dos cosas. Solo puede cobrarse si responde a una gestión real y acreditada, no de forma automática por cada impago. Y no puede aplicarse varias veces por la misma deuda.
En cuanto a los intereses, el ordenamiento español tiene un límite antiguo pero vivo: la ley que declara nulos los préstamos con intereses notablemente superiores al normal del dinero y desproporcionados a las circunstancias. Los tribunales la han aplicado repetidamente a productos de crédito revolving. Un interés puede ser legal en apariencia y declararse usurario en un juzgado.
Qué mirar: el tipo de demora, la comisión por reclamación y si se acumulan.
4. Los seguros «opcionales» que no lo son
El cuarto coste aparece en el formulario, ya casi al final, marcado por defecto: un seguro de protección de pagos, de desempleo o de vida vinculado al préstamo.
Cuando el seguro condiciona el precio o la concesión, forma parte del coste real de la operación y debe reflejarse en la TAE. Cuando es realmente voluntario, se puede desmarcar. La diferencia entre ambos casos suele estar en una casilla que es fácil no ver con prisa.
Qué mirar: si al desmarcarlo cambia el importe a devolver. Si cambia, no era opcional.
Cómo comparar en treinta segundos
Olvida porcentajes y plazos. Quédate con dos números:
- Cuánto recibo hoy.
- Cuánto devuelvo en total, y cuándo.
La diferencia entre ambos, dividida entre lo recibido, es lo que cuesta el dinero. Si son 30 € sobre 300 € en un mes, estás pagando un 10 % mensual, y eso conviene verlo escrito.
Compruébalo además en dos sitios: que la empresa figure en los registros oficiales de entidades supervisadas o, si no está sujeta a supervisión, qué implica eso; y que la TAE aparezca en la información precontractual, porque es obligatoria.
Antes de pedir uno
Estas alternativas son casi siempre más baratas, aunque menos inmediatas:
- Aplazar el pago con el propio proveedor. Muchas empresas de suministros y servicios fraccionan sin coste si se pide antes del vencimiento.
- Descubierto pactado con tu banco. Caro, pero habitualmente mucho menos que un microcrédito.
- Anticipo de nómina. Algunas empresas lo contemplan y no tiene coste financiero.
- Servicios sociales municipales, si el problema es cubrir una necesidad básica. Existen ayudas de emergencia y no hay que devolverlas.
Un crédito rápido resuelve treinta días. La pregunta que conviene hacerse antes de firmar es qué va a cambiar en esos treinta días para que entonces sí puedas pagar. Si la respuesta es «nada concreto», el préstamo no resuelve el problema: lo aplaza y lo encarece.